Tipos de obesidad, síntomas y consecuencias para la salud

Tipos de obesidad, síntomas y consecuencias para la salud ComentarioComentarios
Miércoles, 12 de noviembre 2014

La obesidad se define como una acumulación anormal y excesiva de grasa corporal por encima de los valores considerados normales (12-20% en varones y 20-30% en mujeres) (Salas-Salvadó y cols., 2007), lo cual puede ser perjudicial para la salud.

En términos de IMC, se considera sobrepeso cuando este supera los 25 kg/m2 i obesidad cuando es superior a 30 kg/m2.

La obesidad es la enfermedad crónica metabólica y multifactorial más prevalente que afecta a un número importante y creciente de personas en todo el mundo, lo cual supone un grave problema de salud pública para la mayoría de países, tanto para los estados ricos como para aquellos que están en vías de desarrollo económico, por la gran morbimortalidad cardiovascular y global que lleva asociada.

La obesidad ha sido calificada como “epidemia del siglo xxi” por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y es responsable de perjuicios claros en la salud, reduciendo la calidad de vida y disminuyendo la funcionalidad de las personas que la padecen.

¿Cómo puedo saber si padezco obesidad?

La obesidad lleva asociadas muchas comorbilidades, como la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico, la enfermedad cardiovascular, el càncer y la hipertensión, entre otras, y está ligada al 60% de las defunciones debidas a enfermedades no contagiosas, cifra que aumentará hasta el 73% en el 2020 (Basulto, Manera y Baladia, 2008).

La obesidad es un factor de riesgo para algunos de los trastornos crónicos más prevalentes de nuestra sociedad (Lobstein y cols., 2004), y dichos trastornos son, a su vez, factores de riesgo que aumentan la mortalidad de los individuos obesos.

Según la OMS, la obesidad es el principal factor de riesgo modificable que conduce al desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 y de enfermedad coronaria. El riesgo de aparición de diabetes tipo 2 es dos o tres veces más frecuente en individuos obesos que en sujetos sanos, y más de la mitad de casos podría prevenirse si se evitase el aumento de peso. También la morbilidad por enfermedad coronaria y otras patologías arterioscleróticas es mayor en personas adultas de ambos sexos, así como el riesgo de cáncer colorrectal y de gota en varones y de artritis en mujeres (Grupo de trabajo de la guía sobre la prevención y el tratamiento de la obesidad infantojuvenil, 2009).

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) señala que la obesidad es actualmente la segunda causa de mortalidad prematura y evitable, después del tabaco (Rubio y cols., 2007).

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Obesidad abdominal

obesidadLa obesidad, sobre todo la abdominal, es algo más que un exceso de peso. La grasa de tipo abdominal profunda o visceral es origen de múltiples mediadores inflamatorios y hormonas como la leptina y la resistina, que aumentan el riesgo de patologías, mientras que la grasa de tipo ginoide o gluteofemoral y el ejercicio físico hacen aumentar otras hormonas de carácter protector como la adiponectina.

En los últimos años, se ha evidenciado la relación entre la distribución de la grasa abdominal en el organismo y el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y, en última instancia, con la mortalidad total.

La obesidad central se asocia con la resistencia a la insulina, la cual produce una hiperinsulinemia compensatoria. Esta combinación se asocia a su vez con un incremento del riesgo de diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares y determinados tipos de cáncer.

El aumento de la grasa corporal, y especialmente su disposición central (abdominal), se asocia a un mayor riesgo de padecer comorbilidades, aumentando con ello el riesgo de mortalidad del individuo. Seguramente por este motivo, el aumento del índice de masa corporal (IMC) represente el cuarto factor de riesgo que más muertes provoca en el ámbito europeo (World Health Organization, 2002).

Síndrome metabólico

El “síndrome metabólico” (SM), representa una combinación de alteraciones metabólicas que incluyen obesidad central, tolerancia alterada a la glucosa y resistencia a la insulina (RI), hipertensión arterial, niveles elevados de triglicéridos y bajos niveles de colesterol HDL. Este síndrome también se ha asociado a manifestaciones clínicas tales como el síndrome del ovario poliquístico, un estado proinflamatorio, estrés oxidativo y enfermedad de hígado graso no alcohólico. La patogénesis permanece poco clara; sin embargo, se ha hipotetizado que la RI asociada a la obesidad abdominal sería el factor de unión de esos determinantes cardiometabólicos.

Riesgo cardiometabólico

Se puede definir el riesgo cardiometabólico como un grupo de trastornos metabólicos que pueden incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes o la enfermedad cardiovascular. Algunos de los factores clásicos de riesgo cardiometabólico son la hiperglucemia, la hipertensión y la hipercolesterolemia, a los cuales se están sumando nuevos marcadores como la adiposidad abdominal, los niveles bajos de colesterol-HDL, los niveles altos de triglicéridos, la insulinorresistencia y la inflamación.

Hipertensión

La obesidad se acompaña frecuentemente de hipertensión arterial (HTA) y, una vez más, es la obesidad visceral o central la que se encuentra más estrechamente ligada a estos factores. La hipertensión, además de las complicaciones que implica en sí misma, aumenta exponencialmente la probabilidad de sufrir algún tipo de enfermedad cardiovascular. Si la hipertensión es altamente prevalente entre la población obesa, lo es aún más en los sujetos obesos que tienen diabetes (Grundy y cols., 2005). La alteración del metabolismo lipídico y la insulinorresistencia son comorbilidades que, por su etiopatogenia, están estrechamente relacionadas y, por lo tanto, suelen ser factores de riesgo que se presentan a la vez y de forma sinérgica en el sujeto obeso, multiplicando el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Obesidad y cáncer

El exceso de peso se ha asociado con un aumento en la mortalidad por cáncer en su conjunto y por determinados tipos de cáncer. Se ha estimado que la obesidad podría explicar el 14 % de todas las muertes por cáncer en hombres y el 20 % en mujeres.

En los últimos años se ha producido un claro reconocimiento de la relación entre cáncer y obesidad. Según el último documento publicado por la World Cancer Research Fund (2007) y los últimos estudios, existen evidencias convincentes acerca de que un mayor porcentaje de grasa corporal, principalmente obesidad central, se asocia a cáncer colorrectal, de esófago, endometrio, pecho (postmenopausia), cerviz y ovario en mujeres, hígado, vesícula biliar, páncreas, riñón, estómago y próstata en hombres, linfoma no Hodgkin, y mieloma múltiple.

Como norma general, el riesgo relativo de padecer algunos tipos de cánceres es de hasta 2 veces mayor en sujetos obesos en comparación a sujetos con normopeso.

El cáncer es un proceso multifactorial en que participan la expresión y la producción de factores hormonales tales como hormonas esteroideas y elementos del estilo de vida (actividad física, dieta, adiposidad).

El efecto independiente de la ingesta calórica sobre la aparición de cáncer ha sido difícil de establecer dado su estrecha relación con otros dos factores: actividad física y adiposidad global. Sin embargo, el efecto anticarcinogénico de la restricción calórica es clara. En estudios experimentales, una restricción calórica del orden del 10-40 % es capaz de disminuir la proliferación celular aumentando la apoptosis al inhibir la proliferación vascular.

La actividad física es capaz de mitigar el proceso carcinogénico gracias a su efecto sobre la disminución de los depósitos corporales de grasa, los cambios en los niveles plasmáticos de hormonas sexuales, un efecto modulador sobre el sistema inmunitario, efectos sobre la sensibilidad a la insulina e IGF-1, disminución en la producción de radicales libres y efectos directos sobre el tumor.

En definitiva, en general la obesidad facilita la producción de factores metabólicos, hormonales e inflamatorios que se comportan como procarcinogénicos.
Por todo ello, puede considerarse que el tratamiento de la obesidad puede jugar un papel fundamental en la prevención de la aparición de cáncer y la mortalidad asociada.

Trastornos gastrointestinales

Pese a que el aumento de los trastornos gastrointestinales puede ser menos conocido y que cause una menor probabilidad de riesgo de mortalidad, es importante tener en cuenta que la prevalencia de estas complicaciones entre los sujetos obesos puede ser alta y mermar sin lugar a dudas la calidad de vida del paciente.

Algunas alteraciones (Salas-Salvadó y cols., 2007) son las siguientes:

  • El reflujo gastro-esofágico. 
  • La hernia de hiato. 
  • La esteatosis hepàtica (hígado graso). 
  • La esteatohepatitis no alcohólica. 
  • La cirrosis.
  • Colelitiasis (piedras en la vasícula biliar). La prevalencia de colelitiasis, especialmente en mujeres, es más frecuente en pacientes con obesidad y que han sufrido diferentes episodios de ganancia y pérdida de peso.

Obesidad en embarazo

obesidadLa obesidad en el periodo gestacional se ha asociado a un aumento del riesgo materno y fetal. El peso materno y el IMC son factores de riesgo independientes para preeclampsia (hipertensión asociada al embarazo), así como para otros trastornos hipertensivos, y se ha demostrado la asociación entre obesidad y alteraciones hipertensivas durante la gestación (Mateo, Pintado y Gargallo, 2009). También el riesgo de diabetes es superior. Varios trabajos indican una asociación entre obesidad e infertilidad, y según un metaanálisis realizado por Metwally y cols. (2008), el riesgo de aborto espontáneo también es mayor en gestantes obesas.

Respecto a las complicaciones fetales, la obesidad materna es un factor de riesgo para malformaciones (como los defectos del tubo neural), mayor mortalidad fetal, parto prematuro y macrosomía, que a la vez aumenta el riesgo de parto vaginal traumático y de nacimiento por cesárea (Kaiser y Allen, 2008).

Los niños nacidos de madres obesas o con sobrepeso tienen mayores índices de obesidad infantil y trastornos.

Obesidad infantil

Existe una asociación entre la obesidad infantojuvenil y su persistencia en la edad adulta (Grupo de trabajo de la guía sobre la prevención y el tratamiento de la obesidad infantojuvenil, 2009). Se ha constatado que existe una relación entre la presencia de un IMC elevado en la infancia y mayores concentraciones de colesterol total, colesterol LDL y triglicéridos, así como concentraciones más bajas de colesterol HDL.
Asimismo, se ha referido una mayor incidencia de trastornos endocrinológicos en niños y adolescentes (hiperinsulinismo, mayor resistencia a la insulina, intolerancia a la glucosa, diabetes tipo 2 e irregularidad menstrual), así como también psicológicos (depresión, baja autoestima).
Un mayor IMC durante la infancia guarda relación con una mayor incidencia de enfermedad isquémica coronaria en la edad adulta. En adolescentes, la obesidad se ha asociado a un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas y de mortalidad específica por determinadas enfermedades en varones adultos.

Consecuencias psico-patológicas

La obesidad y sus consecuencias psico-patológicas: la obesidad como factor que predispone, precipita y perpetúa.

En niños y adolescentes obesos, se ha descrito una incidencia significativamente aumentada de trastornos psicológicos.

Éstos pueden ser debidos a la discriminación que sufren por parte de sus compañeros, familiares y la sociedad en general:

  • Baja autoestima. 
  • Depresión. 
  • Dificultades en la maduración psicológica. 
  • Dificultades en la adaptación social. 
  • Distorsión de la imagen corporal. 
  • Trastornos del comportamiento alimentario. 
  • Dichos trastornos suelen darse con mayor frecuencia en sociedades que identifican la delgadez con la perfección, mientras que la obesidad se valora como imperfecta, indicativa de debilidad, abandono y falta de voluntad (Hernández, 2004). Se estima que cerca del 18% de las chicas y el 6% de los chicos presentan conductas extremas para el control del peso (Neumark-Sztainer, 2002).
  • Pese a que los trastornos de carácter psicológico han sido más estudiados en niños y adolescentes (por su alta susceptibilidad), los adultos no están exentos de estar en riesgo de presentarlos incluso en edades avanzadas.
  • La obesidad y las comorbilidades asociadas aumentan el riesgo de padecer trastornos como la depresión o la baja autoestima (Almeida y cols., 2009).

Otros trastornos

La obesidad aumenta el riesgo de padecer otros muchos trastornos que disminuyen la calidad de vida de los sujetos que las padecen. Entre otras alteraciones de salud no nombradas hasta ahora, cabe destacar (Salas-Salvadó y cols., 2007):
Alteraciones respiratorias: insuficiencia ventilatoria, síndrome de apneas obstructivas durante el sueño.
Alteraciones metabólicas: hiperuricemia y gota.
Alteraciones en la mujer: disfunción menstrual, síndrome de ovarios poliquísticos, infertilidad, aumento del riesgo perinatal, incontinencia urinaria.
Músculo-esqueléticas: artrosis, lesiones articulares, deformidades óseas.
Otras: insuficiencia venosa periférica, enfermedad tromboembólica, hipertensión endocraneal benigna, o alteraciones cutáneas, como, por ejemplo, las estrías, acantosis nigricans, hirsutismo o la foliculitis, deficiencias de vitaminas y minerales.

Inactividad y obesidad

Existen otros factores de riesgo frente a un exceso de peso u obesidad abdominal como, por ejemplo, el sedentarismo, los niveles de ácido úrico, homocisteína o lipoproteína A elevados, altas concentraciones de un subtipo de partículas LDL más pequeñas y densas o el aumento de los niveles periféricos de fibrinógeno (Salas-Salvadó y cols., 2007).
Tanto la inactividad física como la obesidad están relacionadas con la esperanza de vida. Un seguimiento de 116.500 mujeres durante 24 años observó que tanto el exceso de peso como el sedentarismo se asocian fuertemente con la mortalidad (Hu y cols., 2004).

Por todo ello creemos que prevenir y/o tratar el sobrepeso y la obesidad, aumentar la actividad física y fomentar la práctica de ejercicio físico, constituye una prioridad de salud pública que podría aumentar la calidad de vida de las personas y evitar serios problemas de salud incluyendo una mortalidad prematura por causas evitables.

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